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>“La Palabra Profética Más Segura”

>2 Pedro 1:19-21
1:19 “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones;
1:20 entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada,
1:21 porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.”

De una manera u otra, todo ser humano es dirigido por una autoridad. Guiados por esa autoridad, cualquiera que sea ésta, se toman desiciones cada día.
Los cristianos somos dirigidos (esto debería ser así) por la autoridad de Dios, cuya voluntad está expresada en la Biblia. Muchos podrán preguntarse por qué alguien debería someterse a la autoridad de un libro. Sencillamente es que la Biblia no es cualquier libro, sino que es la Palabra de Dios. Por esta razón, en virtud de quien es su Autor, se le transfiere su autoridad divina. Después de todo, si Dios es el Creador del cielo y la tierra, ¿quién podrá tener autoridad sobre él? La respuesta es simple, nadie. Nadie tiene autoridad sobre Dios, por lo tanto su Palabra debe constituirse en el fundamento de nuestras vidas, la única norma de conducta que nos dirija.

Una de las pruebas más contudentes de que la Biblia fue dirigida bajo la dirección divina es su unicidad en medio de la diversidad. Aunque los que las escribieron tuvieron diversos transfondos socioculturales, su contenido tiene una finalidad común. Sabemos que la Biblia fue escrita por profetas, sacerdotes, reyes, pastores, pescadores y muchas otras personas con diferentes ocupaciones, pero todas y cada una de ellas escribieron acerca del mismo Dios. Unos escribieron en forma de prosa, otros en poesía. Algunos libros son históricos, otros son proféticos, otros son cartas a iglesias o personas.
Sin embargo cada uno habla acerca del mismo Dios amante que se interesa por nosotros. Cada uno habla acerca del mismo plan de salvación. Y cada uno presenta la misma norma de justicia. ¿Casualidad? NO.

Todo esto prueba claramente que todos esos escritores bíblicos tuvieron una misma fuente de inspiración: DIOS.

2 Timoteo 3:16-17
3:16 “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia,
3:17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.”

Dios fue el originador de las Escrituras. Dios mismo capacitó a sus mensajeros, a los profetas y a los apóstoles, con el propósito de comunicarse con la humanidad y captar su atención a lo que él les revelaba de una manera digna de confianza y con toda su autoridad. El mismo poder creador que trajo al mundo a la existencia, dió también origen a las Escrituras, la Biblia, la Santa Palabra de Dios.

Hoy día encontramos toda clase de conceptos acerca de la Palabra de Dios, su autoridad, su validez, su función y otros aspectos. Lamentablemente, aún entre los que se llaman cristianos, hay quienes no consideran que la Biblia posea la clase de autoridad que le compete. ¡Qué tristeza!

Mateo 22:29
“Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios.”

Podemos ver que Jesús mismo reconoció la autoridad de las Escrituras. Durante toda su vida en la tierra, no tan solamente Jesús empleó la Palabra de Dios y habló acerca de ella, sino que también la promovió, la elevó e interpretó.

Los escritores del Nuevo Testamento también mostraron plena confianza en las Escrituras. Al leer el libro de Romanos (por dar un ejemplo), podemos ver como Pablo cita más de 40 veces directamente del Antiguo Testamento, y los capítulos están esencialmente redactados sobre citas o alusiones a los escritos del Antiguo Testamento.
Los apóstoles estaban firmemente convencidos de que las Escrituras eran la Palabra de Dios y todas sus epístolas tienen un sólido fundamento en las mismas.

1 Tesalonisenses 2:13
“Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes.”

Como cristianos debemos tener cuidado de no tener en poco la Palabra de Dios, menospreciando las profecías en ella dadas, pues sólo en la Biblia encontramos “la palabra profética más segura” a la cual todos debemos estar atentos.

Apocalipsis 1:3
“Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.”

Salmo 119: 105 “Lampara es a mis pies tu Palabra, y lumbrera a mi camino”.

La Palabra de Dios “es la verdad” (Juan 17:17). Pero habrá quien la “eche por tierra” (Daniel 8:12).
Falsos maestros serán los instrumentos que Satanás utilizará para que “el camino de la verdad sea blasfemado” 2 Pedro 2:2. No te dejes engañar.
¡Escudriña la Biblia!
La Palabra de Dios es clara para todos aquellos que la estudian en oración. Toda persona verdaderamente sincera alcanzará la luz de la verdad.
Las cosas importantes que conciernen a nuestra salvación no quedaron envueltas en el misterio.
No están reveladas de manera que confundan o extravíen al que busca sinceramente la verdad.
Dios nos revelará sus designios en la medida en que su conocimiento sea para nuestro bien.
Debemos pedir sabiduría al Señor para que podamos comprender su Palabra.
Esta nos ayudará a estar en guardia contra los engaños de Satanás.
Es imposible calcular los resultados deplorables que acarrea el cambio o la eliminación de una sola verdad de la Palabra de Dios.
Todos aquellos que descuiden el estudio de las Escrituras para procurar su comodidad y conveniencia, a fin de no estar en desacuerdo con el mundo, fácilmente aceptarán herejías que considerarán como verdad religiosa.
Disfrazado como angel de luz, el enemigo tiende sus redes donde menos se espera.
Si tan sólo las personas quisieran estudiar la Palabra de Dios orando fervientemente por comprenderla, no serían dejados en las tinieblas para recibir falsas doctrinas. Pero como rechazan la verdad, resultan presa fácil para la seducción. Los más siguen rechazando uno tras otro los principios de la verdad, hasta que se convierten en verdaderos incrédulos.
Nada desea Satanás tanto como destruir la confianza en Dios y en su Palabra.
Los que no desean obedecer a las exigencias de la Biblia tratan de echar por tierra su autoridad. Muchos se deleitan en buscar en las Sagradas Escrituras algo que confunda las mentes de los demás.

Hace poco escuché decir que antes la Biblia estaba cubierta de sangre. La sangre que muchos derramaron para llevar a otros la verdad revelada en este precioso libro. Hoy día está cubierta de polvo, pues resulta ser un libro más en nuestros hogares.
Esto no debería ser así.

Como hijos de Dios debemos buscar ardientemente la verdad como si fuera un tesoro escondido. La verdad solo se encuentra en la Palabra de Dios.

Juan 5:39
“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.”

Apocalipsis 19:10
“…porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.”

¡Que Dios te bendiga y te guarde y haga resplandecer su rostro sobre ti!

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