>De lo Moral a lo Político

>En el tema anterior, “Buscando poder político nuevamente”, mencionamos que la Iglesia Católica, era la gran ramera que se había prostituido con los reyes de la tierra. (La Iglesia no debe mezclarse con el Estado, pues conocemos de sobra sus terribles consecuencias.) También pudimos ver que ésta había recibido una “herida de muerte” al perder su poder político en al año 1798 y que su herida comenzó a sanar al dársele autonomía como un estado político en el “Tratado de Letrán” en el año 1929. Cuando veamos entonces, que el Sistema Papal vuelva a ejercer el mismo control sobre el poder político, así como lo logró en la época medieval, estaremos viendo la “bestia que sube del abismo”. (Apocalipsis 17:8)

¿Pero será ésto posible? ¿Cómo lo logrará?

Pasando de lo moral a lo politico…

El Sistema Papal utilizará el poder político para imponer sus principios “morales” y todo aquel que vaya en contra de estos principios tendrá que sufrir las consecuencias impuestas por la ley.
“Así sucede que los países católicos, donde la legislación del Estado se ha trazado según los principios de la Iglesia Católica, se encuentran en armonía con la condenación o el apoyo de la Iglesia Católica sobre cualquier asunto. Por ejemplo, un Gobierno católico introducirá leyes prohibiendo el divorcio, penalizando el uso de anticonceptivos, y desterrando todas las actividades que propagan la idea de que la propiedad privada es mala y debe ser suprimida. El resultado será que en un país así en el Parlamento se aprobarán estas leyes contra el divorcio, se cerrarán comercios que vendan anticonceptivos, y se encarcelará a cualquier individuo y se prohibirá cualquier movimiento activamente hostil a la idea de la propiedad privada.”
“Pero cuando, en lugar de un Gobierno católico obediente, la Iglesia Católica es confrontada por un Parlamento indiferente, o incluso hostil, entonces el conflicto es inevitable. El Estado y la Iglesia se manifiestan mutuamente. El conflicto puede acabar en estancamiento, o puede alcanzarse un acuerdo, o la lucha puede tomar la forma de implacable y abierta hostilidad. El Estado aprobará tal legislación como lo considere necesario, sin tener en cuenta a la Iglesia. Puede permitir el divorcio, y puede reconocer el derecho de un partido político determinado para emprender la lucha contra la propiedad privada. La Iglesia replica luego pidiendo a su clero que predique contra tales leyes -y aconsejando a todos los católicos que se opongan a ellas y al Gobierno que las aprobó. Todos los periódicos poseídos por católicos toman una posición contra el Gobierno, y miembros católicos individuales del Gobierno votan contra cualquier legislación que choque con los principios de la Iglesia; mientras las organizaciones religiosas, sociales, y políticas formadas por católicos boicotean tales leyes. Un partido político, posiblemente un partido católico, es creado, cuya tarea es lograr un Gobierno en armonía con la Iglesia y combatir a aquellos partidos que predican doctrinas contrarias a las del Catolicismo. Una amarga lucha política es iniciada.”
“A estas alturas debe recordarse que los católicos que se oponen a su Gobierno o a otros partidos políticos están guiados (a) por los rígidos y dogmáticos principios del Catolicismo, y (b) por el Líder Supremo de la Iglesia católica -esto es, el Papa.”
“Los católicos sostienen que el Papa nunca interfiere en política. Más adelante mostraremos que él a veces interfiere directamente; pero aun cuando esto no fuese así, es obvio que él interfiere indirectamente en política cada vez que ordena que los católicos combatan cierta legislación o una doctrina social, o a algún partido político que, en su opinión, está en conflicto con el Catolicismo. Para citar un ejemplo clásico: cuando León XIII escribió su Rerum Novarum, aunque no interfirió directamente con la política de su tiempo, él entró enérgicamente en la arena política condenando explícitamente las doctrinas sociales y políticas del Socialismo -y aconsejando a los católicos organizarse bajo los sindicatos católicos y crear partidos políticos católicos.”
“Este poder de la Iglesia Católica para interferir en las esferas sociales y políticas se vuelve infinitamente más peligroso por el hecho de que no se limita a algún determinado país: alcanza a todos los países en los que hay católicos. Así no hay continente donde el Papa no pueda influenciar, en un mayor o menor grado, la vida social y política de la comunidad.”
“Es evidente por esto que la Iglesia Católica puede ejercer una influencia indirecta así como directa, no sólo en los problemas internos de un país, sino también en la esfera internacional. Creando o apoyando ciertos partidos políticos y combatiendo otros, la Iglesia puede volverse un poder político de primera magnitud en algún país determinado. Este atributo es reforzado por el hecho de que la Iglesia Católica puede actuar como un poder político -también en problemas internacionales. Puede, por ejemplo, influir a ciertos países católicos y Gobiernos católicos para que apoyen o se opongan en asuntos de carácter internacional, o puede indicar sus deseos a asambleas internacionales -como la Sociedad de Naciones. Así, entre las dos guerras mundiales, hizo obvio un deseo de que la Rusia soviética no fuese admitida en la Sociedad, y durante la Guerra abisinia reclamó que se levantaran las sanciones contra la Italia fascista.”
“El Papa tendría un formidable ejército de católicos activos luchando su batalla en las esferas sociales y políticas; y esto en cada país nominalmente católico en Europa y en las Américas. En países protestantes, donde los católicos son una minoría, la proporción de la población católica activa es normalmente mucho más alta que en los países católicos. Cuando estos activos millones se mueven juntos para lograr el mismo objetivo -a saber, fomentar el poder de la Iglesia Católica en la sociedad- siendo dirigidos bajo una sola dirección, haciéndoseles actuar según un bien definido plan, y entrando en la arena política en las esferas internas y externas, no se necesita gran imaginación para captar la magnitud de la influencia que ellos pueden ejercer.”
“La mente maestra que dirige los movimientos de estos diversos partidos y organizaciones católicos en los campos de la lucha social y política regional, nacional, e internacional reside naturalmente en el centro del Catolicismo -a saber, el Vaticano. Para ejercer de la mejor manera su doble actividad (religiosa y política), la Iglesia Católica tiene dos facetas: primero, la institución religiosa, la Iglesia Católica misma; segundo, el poder político, el Vaticano. Aunque ellas tratan separadamente, siempre que sea conveniente, con problemas tocantes a la religión y la política, las dos son en realidad una. A la cabeza de ambas se halla el Papa, que es el supremo líder religioso de la Iglesia Católica como un poder puramente espiritual, así como la cabeza suprema del Vaticano en su calidad de centro diplomático-político mundial y de Estado soberano independiente.”
“Según las circunstancias, el Papa, para promover el poder de la Iglesia Católica, encara un problema como un líder puramente religioso o como la cabeza de un centro diplomático-político, o como ambos. El rol de la Iglesia Católica como un poder político se vuelve prominente cuando el Papa tiene que tratar con movimientos sociales y políticos o con Estados con los cuales quiere negociar o hacer una alianza a fin de combatir a un enemigo común.”
“A veces se vuelve necesario para la Iglesia Católica aliarse con fuerzas que no sólo son no-religiosas o no-católicas, sino que incluso son hostiles a la religión. Esto ocurre cuando la Iglesia Católica, siendo confrontada por enemigos que no puede vencer por sí sola, se ve obligada a encontrar aliados que también desean la destrucción de tales enemigos. Así, por ejemplo, después de la Primera Guerra Mundial, cuando parecía como que el Bolchevismo conquistaría Europa, surgieron movimientos políticos en diversos países con la intención de frenarlo. Estos encontraron un aliado inmediato y dispuesto en la Iglesia Católica, cuyas fulminaciones contra las doctrinas Socialistas estaban volviéndose cada vez más virulentas con el aumento del peligro. Algunos de estos movimientos eran conocidos por los nombres de Fascismo, Nazismo, Falangismo, etcétera. El Papa hizo efectivas estas alianzas empleando la influencia de la Iglesia Católica como una institución religiosa, y del Vaticano como un centro diplomático-político. En el primer caso se dijo al fiel que era su deber apoyar a tal o cual político, o partido que, aunque no siendo católico, no obstante estaba decidido a destruir a los enemigos mortales de la Iglesia Católica. En el segundo caso se efectuaron negociaciones a través de sus nuncios, cardenales, y las jerarquías locales. Sobre todo se daban órdenes a los líderes de organizaciones socio-políticas católicas o a partidos católicos para que apoyaran al aliado escogido por el Vaticano. En ciertos casos, incluso, se les pidió que se disolvieran a fin de dar paso a un partido no-católico que tenía mejores oportunidades de provocar la destrucción de un movimiento político determinado hostil a la Iglesia Católica.”
“Para llevar a cabo estas actividades en los campos religiosos y no-religiosos el Papa tiene a su disposición una inmensa maquinaria por la cual puede gobernar la Iglesia Católica en todo el mundo. La función principal de esta maquinaria es no sólo servir el propósito de la Iglesia como una institución religiosa, sino también como un centro diplomático-político. Para las cuestiones sociales y políticas la Iglesia Católica tiene una segunda vasta organización que, aunque separada de la primera, no obstante está interrelacionada con ésta. Aunque cada maquinaria tiene una esfera específica en la cual actúa, ambas son movilizadas a fin de lograr el mismo objetivo: el mantenimiento y adelanto del dominio de la Iglesia Católica en el mundo. Como una es dependiente de la otra, y como ambas muy a menudo son empleadas al mismo tiempo, sería útil examinar, no sólo la tarea específica de cada una, sino también los objetivos que ellas buscan alcanzar, sus métodos de trabajo, y, sobre todo, el espíritu con el que se las hace funcionar.”
“Cuando a esto se agrega la influencia que el Vaticano puede ejercer sobre los diversos partidos católicos y Gobiernos católicos, y sobre asambleas nacionales e internacionales, llega a ser evidente que el poder de este gran centro diplomático-político se siente a lo largo del mundo. Esto es reconocido por la mayoría las naciones incluyendo países no católicos, como el protestante Estados Unidos de América y Gran Bretaña, y países no Cristianos como Japón.”

La importancia del Vaticano como un centro diplomático se refuerza en tiempos de guerra. Porque durante las hostilidades, cuando el contacto diplomático entre los países beligerantes está cortado, las naciones belicosas pueden obtener contacto entre sí a través del Vaticano.”
“Pero la maquinaria diplomática del Vaticano sería de poco valor si el Papa tuviera que depender sólo de ella. Lo que da su tremendo poder al Vaticano no es su diplomacia como tal, sino el hecho de que detrás de su diplomacia está la Iglesia, con todas sus múltiples actividades abarcando al mundo.”

“El Vaticano como centro diplomático no es sino un aspecto de la Iglesia católica. La diplomacia Vaticana es tan influyente y puede ejercer tan gran poder en el campo diplomático-político porque tiene a su disposición la tremenda maquinaria de una organización espiritual con ramificaciones en cada país del planeta. En otras palabras, el Vaticano, como un poder político, emplea la Iglesia católica como institución religiosa para ayudar al logro de sus metas. Estas metas a su vez buscan principalmente fomentar los intereses espirituales de la Iglesia católica.”

“El papel doble de los miembros de la Jerarquía católica automáticamente ejerce una influencia recíproca sobre esas innumerables organizaciones religiosas , culturales, sociales, y finalmente políticas, conectadas con la Iglesia católica que, aunque ligadas principalmente a la Iglesia en el terreno religioso, pueden en un momento dado servir directa o indirectamente para fines politicos.”
*Tomado del texto “El Vaticano en la Política Mundial” por Avro Manhattan
No hay duda de que la Iglesia Católica va por el camino que ya está trazado para ella en las profecías de la Biblia.

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